UNA FORMA DE MIRAR LA VIDA

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mirando a la vida

jueves, 4 de febrero de 2016

CARNAVALES

Comienzan los carnavales, cuando yo creía que carnavales era todo el año.
Parece ser que hay tantas clases de carnavales, que algunos pueden durar los trescientos sesenta y cinco días del año, pero estos cuatro días nos centraremos en los carnavales más ancestrales, esos que les tomamos prestados a los romanos cuando celebraban los "saturnales" en honor al dios Saturno y que los primeros cristianos reconvirtieron en días de desenfreno en el yantar, beber y holgar previos al tiempo duro de sacrificio de la cuaresma. Lo que me extraña que siendo un jolgorio más o menos religioso, sea el más celebrado en este redondo planeta y que además los laicos de pro, todavía, no hayan protestado. Tal vez sea, por que estos festejos dejan su impronta económica en todo lo relacionado con el turismo: hostelería, viajes, comercios, etc...
Lo dicho, estamos en carnavales, toca vestirse fuera de las normas de la moda y la sociedad, cada cual elegirá aquello que en ese momento más le llame. Nos juntaremos en grupo para hacer la pandilla de Boj esponja, o una caja repleta de botellas de cerveza. Los señores se vestirán de mujer y viceversa. pondremos el mundo patas arriba, (más de lo que ya está, o de otra forma...) en nuestras zonas rurales, saldrán a la calle esas bestias medio humano-medio animal que darán color y movimiento al entorno; máscaras de mil formas y maneras que ocultaran rostros permitiendo actuar de manera diferente a lo que se haría con la cara descubierta. En definitiva, cuatro días de desenfreno más o menos controlado, de diversión, de beber y comer; bailar y reír, cuatro días que nos harán olvidar la realidad de ese otro "carnaval" diario que tenemos con nuestros políticos, instituciones y personal afín de una cabalgata sin cabeza, mucha avaricia y llena de despropósitos. ¡Viva el carnaval! y que cada uno haga lo que pueda. El miércoles de ceniza continuaremos con los sacrificios por si en algún momento llega la buena nueva. 
La esperanza es lo último que se pierde, aunque viendo cómo está el patio, no lo tengo muy claro.




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